domingo, 9 de marzo de 2014

Imperfección, Capitulo 5

Capitulo 5

Era cuestión de segundos, unos centímetros me separaban del dolor.
El puño cerrado de Jorge comenzó su trayectoria. Mis piernas temblaban, mis lágrimas caían, unas seguidas de otras. La sensación del frío azulejo de la pared, me paralizaba.
Su fuerte golpe se precipito próximo a mis labios, morados y temblorosos. 
Sentí mi piel arder, y seguido derramarse. 
Me oculté mis rostro entre las manos, lloraba desconsoladamente. Aparte las manos dejando al descubierto mi boca, las manos estaban llenas de mi roja sangre. Parecía desvanecerse todo a mi alrededor.
Jorge respiraba fuertemente.
-¿Ahora me vas a ignorar?- dijo sin arrepentimiento.
Pero aquello no era suficiente. Parecía drogado. Quizás fuese así.
Jorge me levantó, tirando de mi vieja sudadera gris. 
Yo me resistía, apenas podía mantenerme consciente. Finalmente, opto por dejarme en el suelo.
Sin querer poner final a mi dolorosa tortura, pulsó el grifo del agua de la ducha.
Fría. Húmeda.
Me sentía en el mismísimo infierno.
Litros de agua se precipitaron sobre mi, y mi dolorosa herida en mi rostro. 
Me dolía, era insoportable.
Cuando finalizó la caída del agua, Jorge me levantó. Y con mis pocas fuerzas, me apoyé en sus brazos temblorosos de rabia. Empapada en el frío agua. Me apartó del suelo, lleno de mojado y mezclado con gotas de mi sangre, todo marchándose por el desagüe. 
Me apoyó en la pared e insertó sus fuertes manos debajo de mi sudadera, y comenzó a quitármela.
No me quedaban fuerzas por utilizar. Estaba a punto de caer.
Terminó de quitarme mi vieja ropa, y continuó quitándome mis empapados pantalones de chándal. 
Abrió la mochila que llevaba con el, y los guardo junto con la sudadera.
Mis ojos estaban entreabiertos. Y lagrimosos. 
Mi pelo goteaba, y mi herida manchaba todo a mi alrededor. 
Jorge se levantó, y avanzó hacia la salida. Se giró por unos momentos, para recordar mi imagen el resto de su maldita vida.
Y definitivamente se marchó. Oyendo sus pasos alejarse, relajado, tranquilo... en paz.
Sentía el mundo derrumbarse sobre mi. 
Mi cuerpo lentamente fue cayendo hacia el suelo. 
Notaba el frío trepando mi cuerpo, y mi ropa interior llena de agua y sangre.
Saqué fuerzas de la nada y conseguí alcanzar el móvil.
Con la imagen borrosa, intenté localizar el número de María.
Y empecé a marcar. 
Sonaban los tonos, uno, dos, tres... Y al fin cogió.
-¿Si? ¿Ana?-
Mi labios temblaban cubiertos de sangre. Me vi incapaz de vocalizar.
Tras muchos esfuerzos, logré decir dos palabras cruciales.
-Co.. leg..io- A..yud..a- 
Parecían no dar a entender nada. Pero fue suficiente para que María comprendiera que necesitaba su ayuda. 
María colgó inmediatamente. Y pocos segundos después terminé por desmayarme.

No recuerdo cuanto tiempo estuve en el suelo de las duchas, mojada y casi desnuda.
Algo comenzó a darme delicados empujones.
Tras un minuto logré abrir los ojos. Tenía miedo de volver a encontrarme a Jorge.
Pero no fue así. Desperté con cara asustada.
Visualicé a María, llorando, asustada.
-Ana, dios mio. Que a ocurrido..- prácticamente no podía hablar por sus lágrimas cayendo por todo su rostro.
María abrió su taquilla del vestuario en la que tenía su ropa de deporte y comenzó a vestirme con cuidado de no dañarme más.
Sentí el calor de su ropa, y su preocupación me atravesó el corazón.
Mi cara paralizada y asustada comenzó a llenarse de lágrimas.
Agradecía que María estuviera a mi lado en ese momento.
Puso todas sus fuerzas en levantarme, hasta que lo logró.

A lo largo de media hora, comencé a volver en si y a sentirme menos dolorida.
-Ana, tienes que decírselo a alguien- dijo con la esperanza de que cediera.
-¿A quién María? no tengo a nadie- dije aún llorosa.
María sabía que tenía razón. Me acompañó hasta la puerta de mi casa, y allí no quiso despedirme. 
Le obligué a marcharse a casa. 
Sabía que después de esto, iba a estar constantemente preguntándome como me encontraba.
Y en definitiva, era algo que detestaba, por qué al principio era algo agradable, que finalmente acababa siendo algo muy irritante.
María se negaba a irse, pero hice comprender, que fue un duro día y necesitaba tranquilizarme.
Y finalmente le prometí llamarle.
Ella terminó por ceder y se despidió con un suave abrazo para no hacerme daño.
Se alejo lentamente, esperando mi llamada: -Espera, María...-
Pero no fue así. No tenía ganas de ello.

Estaba dispuesta a entrar en casa, cuando oí un coche aparcando junto a casa. Decidí sin ninguna razón echar un vistazo.
Silenciosamente me acerqué y me quedé oculta tras unos arbustos próximos.
Era un coche desconocido, pero no todo lo era.
Mi padre estaba en el interior. Hablando con una silueta oculta en la oscuridad.
Sabía que era ella, su amante. Y esta podría ser mi oportunidad de averiguarlo.
Dolorosamente, me desplacé tras un árbol que estaba junto al coche.
Tras unos minutos de larga charla, se dispusieron a salir del vehículo.
Era ella. Su dulce perfume me envolvía.
Mi padre la rodeo entre sus brazos y comenzó a besarle, como si no hubiese un mañana. Parecía una despedida.
Pensaba en la forma de ver su rostro oculto, pero no hizo falta darle muchas vueltas.
De pronto, un coche paso junto a ellos. Y los faros iluminaron iluminaron la escena.
Y por muy poco tiempo que duró iluminada, fue el suficiente para reconocer a esa mujer.
No me lo podía creer por momentos. Y mi estómago se vació en tan solo un segundo.
Tal vez la hubiera reconocido mal en ese momento, pero yo sabía que lo que intentaba era engañarme a mi misma.
Era imposible, equivocarme. Tan alta. Con su rojo y brillante cabello, tan largo. Era único.
Comencé a recordar su perfume, su coche.
En definitiva era ella.

Tan cerca, y no pude dar cuenta de que era ella.
En ese momento, todo encajó.


Bueno, esto es todo por hoy. Espero que os haya gustado. Y muchas gracias por seguirme y por estar ahí. 
Seguidme en:
Y simplemente, seguirme, darle me gusta a mi página de facebook, y enteraros de todo sobre los nuevos capítulos y todas la novedades.
¡Hasta el próximo capitulo!

No hay comentarios:

Publicar un comentario