sábado, 8 de marzo de 2014

Imperfección, Capitulo 4

Capitulo 4


Deje caer mi cuerpo sobre mis piernas. Me sentía vacía y presentía lo que pasaría.
Aunque me sentía imposible de seguir leyendo, tenía suficiente.
Guardé los papeles de nuevo y recogí todo. Mi cuerpo se volvió frío y vulnerable.
Me vi envuelta en un punto crítico. Ya no podía ir todo a peor. No podía.
Llegué al final del pasillo, y me giré asomada en la esquina y dirigí la mirada a la puerta de la habitación de mis padres; suspiré y continué a mi cuarto.
Aunque me fue prácticamente imposible dormir, conseguí levantarme al día siguiente.
Fue una dura mañana, me sentía derrotada e inexistente para el mundo. Todo a mi alrededor y yo estaba atrapada en esta dura situación.
Por una parte, sentía que no me incumbía y de otro modo, era mi padre, mi madre, mi familia... mi pesadilla.
El móvil sonó, no quería coger. Lo deje sonar, pero parecía que nunca acababa.
Estaba tumbada en la cama, encerrada en mi cuarto. No quería ver la luz, no quería ver al mundo, no quería ver mi patética vida.
Me sentía impotente. ¿Podría ser capaz de tan solo levantarme? ¿Que me animaba a hacerlo?
Estiré el brazo forzadamente, y pensándolo bastante tiempo descolgué el teléfono.
-¿Ana? Llevo intentando localizarte toda la mañana. ¿Estás bien?- dijo Olivia.
Intente analizar la situación, y buscar la mejor respuesta para responder a ¿Estás bien?
Pero no hizo falta, unos segundos después, rompí a llorar descontroladamente. 
Olivia me llamó varias veces, parecía luchar por tranquilizarme, pero su preocupación le impedía dejar de agobiarse.
-Lo... Lo siento...Oli- dije sacando las últimas fuerzas que me quedaban en mi interior.
Madeline, llamo a la puerta y rápidamente me sequé las lágrimas. 
Me insistió varias veces que le contara lo que me sucedía. Pero me avergonzaba.
Madeline me acarició la espalda, fue algo consolador, pero unos segundo más tarde me volví a encontrarme igual.
Le pedí a Madeline que olvidara mi estado, y se marchara. Y ella cedió finalmente, pero se fue apenada y preocupada.



"Hace un tiempo me contaron  una historia, tan real, como dura. Un chico de dieciséis años, normal, con sus amigos, caía bien a tanta gente como a otra mal. Era feliz, sonreía, y parecía vivir su vida y disfrutarla.
Un día se divulgo una noticia de que el chico opto por acabar con su vida.
Todo el mundo se quedo anonadado, triste, el mundo empezó a perder color, risas, fue duro. Era un chico normal, feliz, pero detrás de esa faceta diaria que el mostraba al mundo, había dolor, tristeza, soledad. Y la verdad, amigos, no le faltaban, pero él sentía una dolorosa soledad."

La verdad, yo no ocultaba mis estados de ánimo, la gente me etiquetaba como una persona seria, antisocial e incapaz de padecer sentimientos hacía las situaciones diarias. Pero saltaba a la vista que tenía de todo menos felicidad. El día a día me la arrebató.
Colgué el teléfono. Tenía suficiente. Y finalmente decidí apagarlo.
Rápidamente, me vestí, agarré mi bolso y decidí salir de casa. Necesitaba huir. Solo huir.
Solo había un lugar donde sentirme sola, y alejada de todo. En la cafetería del centro.
Estaba vacía, desierta. Parecía la única habitante del mundo, bueno, yo y el camarero entretenido en sacarle brillo a una reluciente jarra de cerveza con un viejo y putrefacto trapo.
Esta vez opté por escoger un Té. Necesitaba relajarme.
Subí escalera por escalera con el té ardiente en mis manos.
Me senté junto a la ventana, deje el platillo que sostenía el pequeño vaso, que echaba un pequeño rastro de humo. 
Miré al frente y suspiré. Intenté vaciar mi mente, algo duro y complicado. 
Era el primer té en mi vida, por lo que no me parecía que aparentaba ser una deliciosa bebida.
El vaso estaba empañado por el contraste de la temperatura, y el agua parecía hervir. 
Miré a la ventana y probé a sonreír. Parecía funcionar, relajarme, pero de inmediato cayó una lágrima fugaz que recorrió mi rostro en apenas dos segundos. 
Me sentía desbordada.
Así transcurrió la mañana y la tarde. Estaba despreocupada, y en ningún momento mostré interés por saber la hora u ojear un reloj. El tiempo se llevaba la tarde, la tarde la luz, y la luz mis pensamientos. No dejé de mirar a través de la ventana en toda la tarde, no miraba algo fijo, no miraba al en concreto, simplemente miraba.
De nuevo sonó mi móvil, pero al contrario que por la mañana, esta vez era María. 
Me encontraba más calmada, lo cuál decidí cogerlo.
-Ana, una cosa, ¿qué tal llevas el trabajo de Literatura?
En realidad, aún no lo había empezado, no tenía ninguna gana de hacerlo, pero María no se merecía suspender por mis amarguras.
De pronto, recordé espontáneamente, que me había dejado en la taquilla los apuntes para empezar, hacer y acabar el trabajo.
-Tendré que ir a por ellos, de lo contrario María nunca me lo perdonaría.

Tras un largo trayecto, llegué a mi instituto, la simple entrada, ya parecía la bienvenida a un pasaje del terror.
Caminé solitaria y con mis pisadas haciendo eco por todo el edificio, hasta llegar a mi taquilla.
Una vez cogidos los apunte, me dispuse a irme, era ya de noche y Madeline, estaría preocupada.
Pero mis planes se vieron interrumpidos por un extraño pero potente ruido. 
Di una vuelta completa sobre mi misma, revisando cada ángulo y esquina.
-¿Hola?- dije algo intimidada.
Una silueta salió corriendo, la intenté seguir, pero la perdí la vista. Asustada, decidí meterme en los baños y llamar a Olivia.
Para que alguien supiese donde estaba, pasara lo que pasara.
Repetí la llamada varias veces pero saltaba continuamente el contestador, ¿Estaría resentida por no haberla cogido antes? No lo creo, Olivia podía aparentar ser mala, pero nunca ha sido vengativa.
Oí pasos acercarse, y me escondí tras las paredes de las duchas.
Parecía una cuenta atrás. Comencé a temblar.
Cada vez los pasos estaban más cerca.
De repente, un chico empezó a asomar por la esquina, y para cuando me quise dar cuenta, me percaté de que era Jorge, mi ex. 
-Hola, Anita- Dijo con voz algo aterradora, parecía saber cada uno de mis movimientos.
Jorge se encontraba  en una postura muy agresiva, su respiración estaba acelerada, y parecía lleno de rencor y de furia.
Estaba sudoroso y tenía las pupilas de los ojos grandes y negras. Sabía que nada bueno iba a suceder.
Jorge dio un paso, y empezó una lenta marcha hacia mi.
Mientras, comenzó a explicarme:
-Veo que te gusta ignorarme, te sientes bien ¿Verdad?, crees que es lo más sencillo, pasar.
¡Me has jodido Ana, me has jodido la maldita vida! - Comenzó a gritar.
Jorge llego a escasos centímetros de mi. Planeaba la estrategia de huida, pero fue interrumpida por un golpe seco. 
Jorge golpeo la pared fuertemente, a la vez que gritaba palabras monosílabas.
Estaba muy asustada y no sabía por donde recibir lo que estaba ocurriendo. Intentaba tranquilizar a Jorge, pero me resultaba imposible. Estaba muy alterado.
Me parecía una exageración lo que estaba ocurriendo y algo surrealista.
Jorge me cogió el brazo bruscamente, sentía su fuerza haciendo presión sobre mi piel. Me dolía. Tanto física como psicológica mente.
Jorge impulsó mi cuerpo contra la pared, me sentía agobiada, y solo quería desaparecer. 
Comencé a llorar.
-Por favor, Jorge, tranquilízate. Lo siento ¿Vale?
No respondía, parecía a punto de estallar. 
Intenté coger el teléfono disimuladamente, pero no pude, el miedo me impedía moverme.
De pronto, comenzó a levantar el brazo y cerró seguidamente el puño fuertemente. Abrió los ojos de par en par. 
Me encogí de hombros, me agache y me cubrí la cabeza. 
- Te has olvidado de recibir tu merecido, Ana- 


Esto es todo por hoy, siento haberme retrasado, ya sabéis exámenes. 
¡Mañana y el Lunes nuevos capítulos! No os lo perdáis, por que esto se va a poner muy interesante.
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