Capitulo 2
Otro día duro de
instituto, estaba deseando acabar. Pregunte a mi compañera de al lado la hora.
Faltaban dos horribles e interminables minutos para que acabara la última clase
de otro aburrido viernes.
Sentía que mi cabeza se
separaba de mi cuerpo, y se iba lentamente de forma inexorable al mundo de mis
sueños. Mis párpados se caían, mi cabeza se tambaleaba y la profesora no
interrumpía en ningún momento en la explicación.
Estaba frustrada, hacía
un buen rato que dejé de escribir los apuntes de la teoría que la profesora
recitaba como si de una canción se tratase.
Al fin, sonó el timbre
de salida. Todos estábamos entusiasmados. Parecía como si se hubiese producido
un milagro.
Me apresure lo más rápido
que pude hacia el autobús que me llevaba de vuelta a mi casa.
La verdad, hoy estaba
muy nerviosa el otro día decidí seguir a mi padre para averiguar que hacia
durante tanto tiempo fuera de casa.
Lo primero que hice al
llegar a casa fue saludar a Madeline, le di un beso y baje a mi cuarto.
Dejé la mochila y cogí
el móvil, por si acaso lo necesitaba. Y corrí al despacho de mi padre
aprovechando que solo estaba Madeline en casa.
Entré cuidadosamente,
como sí alguien estuviera en el interior, pero era miedo a encontrarme algo de
lo que no debería haberme enterado.
Tras entrar, cerré la
puerta y de inmediato me puse a investigar.
Fui directamente a los
cajones sin explicación alguna, fue en lo primero que pensé. Intenté abrir el
primero pero tenía cerradura y estaba echada la llave.
¿Que tendría que
ocultar mi padre que no pudiéramos saber, respecto a su trabajo?
Una sensación de vacío
fría se propagó por mi cuerpo seguido de un escalofrío. Intente engañarme
pensando que lo cerró para que Lucas no le hurgara a los papeles importantes o
se los estropease.
Abrí el segundo y
tercer cajón. En el segundo, no había nada, mi padre lo utilizaba de cenicero.
Había como tres mil colilla de sus cigarros malolientes e irritantes. Al
abrirlo, una ola de mal olor de estalló en la cara, impulsándome
inconscientemente hacia atrás. No aguantaba más ese olor, por tanto cerré
rápidamente el cajón.
Abrí el tercer cajón,
en el había unos sobres abiertos, las cartas no estaban.
Probablemente las echó
a la trituradora de papel.
Me levante a ver el
contenido en la basura, pero nada. Solo había miles te tiras blancas, con
letras sin sentido, imposibles de unir; así que revisé los sobre de nuevo. Me
fijé en el remitente, era una mujer, y no solo una simple mujer, era Carla
Dawnton.
Carla Dawnton, era la
secretaria de la clínica de mi padre. Era rubia alta y de unos ojos
anaranjados. Siempre era muy callada, por eso se me hacía raro que hubiese
tantas cartas.
Lo ignoré, seguramente
sería del trabajo.
Decidí mirar más
documentos, pero no había nada que me llamara la atención excepto ese cajón
cerrado con llave. Necesitaba saber lo que había dentro.
Todos mis pensamientos
se vieron interrumpidos por la llamada de Madeline.
-¡Ana, a comer!- grito
desmesuradamente.
Se notaba que Madeline
había tenido un mal día. Pero yo no era la indicada para hablar del tema con
ella, porque como hay personas que saben decir lo necesario en cada momento, yo
era todo lo contrario. Siempre lo jodía todo.
Tras terminar de comer,
bajé a mi cuarto y cerré el pestillo. Siempre me gustaba encerrarme en mi
cuarto, era mi pequeño espacio, mi propiedad, mi baúl de sueños, mi pequeña
isla. Me sentía lejos y alejada del mundo y mis problemas.
Ojeé el móvil y tenía
mensajes de Olivia y María que me proponían quedar por la tarde.
La verdad, la pereza me
vencía y no tenía ninguna gana de salir a la calle.
Pero finalmente, cedí.
Me preparé tranquila y
perezosamente. Y pasada una hora, me llamaron.
Fuimos a dar una
vuelta, y preferí continuar caminando que sentarme y volver a empezar a comerme
la cabeza.
Olivia me agarró la
mano, estaba fría y algo sudorosa, como si tuviese una gran preocupación.
-¿Qué tal va todo?-
dijo delicadamente, como con miedo a que sus palabras me dañaran.
-Bien, supongo- dije
intentando dejar atrás el tema.
-¿Vas a hacerlo?-
preguntó María refiriéndose a la escapada que pensaba hacer para seguir a mi
padre.
-Claro, es la única
manera de averiguar que oculta. Necesito averiguarlo-
-Pero, que ganas
demostrando tus averiguaciones. Tu madre te ignora y creo que a parte de a
nosotras y Madeline, nadie más le interesará tus averiguaciones- dijo Olivia
con un tono incrédulo.
-Me vale con averiguar
lo que mi cabeza me pide. Total, no tengo nada más que perder-
Pasamos la tarde
hablando de amistades, novios y gente. Los temas más típicos.
Me despedí de Maria y
Olivia y decidí volver a casa, me sentía rendida.
Me dejé caer a cámara
lenta en mi cama, en la reboté dos veces más.
Observé que en el móvil
había más mensajes de Joder, mi ex.
Estaba cansada.
Los ignoré totalmente.
Sin darme cuenta,
empecé a caer, arrastrada por mis pensamientos. Cuando me quise dar cuenta,
estaba dormida, sobre la cama.
Sonó un ruido, y me
levante tras un espasmo de susto. Miré la hora y marcaban las doce de la noche.
Era demasiado tarde para que mi hermano estuviese fuera de su cuarto, o que mi
madre no estuviese dormida gracias a sus pastillas somníferas para camellos.
Deslicé despacio el pestillo de mi cuarto y abrí la puerta, que crujía como si quisiera delatarme.
Subí descalza con las zapatillas en las manos para no hacer ruido. Las escaleras
de mármol estaban frías y deslizantes. Todo estaba oscuro.
Solo se veía la luz
tenue de las farolas de la calle.
Me asomé
cuidadosamente, en la esquina del pasillo y había la suficientemente luz, para
observar que era mi padre. Estaba cogiendo las llaves y parecía dispuesto a irse.
Me apresuré a coger mi
abrigo y mi móvil.
Estaba muy nerviosa, no
tenía pensado seguirle tan pronto, pero la oportunidad se me adelanto.
Le seguí despacio hasta
la puerta del jardín. Sacó el coche del garaje. Y se dispuso a arrancarlo.
Mire a varios lados,
buscando la manera de seguirle y a esas horas, la única posible parecía la de
ir con la bici.
Me parecía una locura y
una absurdez. Pero no había más remedio.
Me resultaba un buen
esfuerzo seguir el coche de mi padre, sin perderle de vista.
Me puse la capucha de
la cazadora, para que no me reconociera, pero también por el frío de la noche
tan helada.
Al fin mi padre paró,
desconocía a la persona que podría vivir en esa calle.
No había ningún
conocido, que me sonara.
Los nervios empezaron a
traicionarme y comencé a temblar.
Estaba asomada por
detrás de una columna. Visualizando cada movimiento de mi padre.
De repente, se detuvo
frente a un portal y llamo al timbre. Se encendieron las luces. Alguien bajaba.
En ese momento se me pasaron miles de situaciones que se podría producir en ese
instante.
Una mujer salió eufórica,
y de inmediato se lanzó a los brazos de mi padre. Me quede extrañada. No
reconocía a la mujer.
Y en ese momento, como
si fuera el final de una película romántica, la mujer se lanzo a los labios de
mi padre.
Estuvieron un largo
rato besándose, daba la impresión que en cualquier momento se quedarían sin
oxígeno.
No me lo podía creer.
Mi padre era infiel.
Era de esperar, pero no es lo primero que te imaginas.
Estuve varios minutos
pausada, perpleja.
Decidí volver a casa,
no quería saber más.
Mi cerebro lo
rechazaba.
No podía.
Me superaba.
Me desperté por la
mañana, estaba agotada y todavía algo inquieta por la escena de anoche. Me
sentía incapaz de hablar.
Me acerqué a la
habitación de mi madre. Pero no estaba.
Como curiosidad, mi
madre llevaba una semana algo inquieta, y rara.
¿Quizás había
averiguado algo de mi padre?
Estaba indecisa.
Olivia me llamo. Me
preguntó cual era la cosa tan importante que debía contarle. Por la cual se
enteró por el mensaje que le deje ayer al llegar a casa.
Decidí quedar con ella
en la cafetería del centro junto a la academia.
Me fui a preparar. Al
terminar, me acerqué al baño de mi madre para cogerle la sombra de ojos marrón
que tanto me gusta.
Descuidadamente, la
sombra calló de mis manos, precipitándose al suelo con tanta velocidad, que se
acabó por romperse en mil pedazos.
Rápidamente me puse a
recogerlo. Agarré la basura que tenía al lado y con ayuda de papel higiénico,
lo dejé todo limpio y recogido. Me levante.
Pero algo me provocó un
frenazo. Algo me llamó la atención en la basura. Era un plástico blanco.
Me agaché extrañada y
me acerqué.
Era un palo alargado,
blanco y duro, de plástico. Me extraño mucho y mirando a todos lados, lo cogí.
Me quedé perpleja,
blanca, como si hubiese visto a un mismísimo fantasma.
La mano en la que
sostenía el palo de plástico me temblaba. Me vinieron nauseas y mareos
constantes.
Y aturdida, mencione en
voz muy baja, con la intención de hacerme reaccionar:
-¡E..e..es un t..test
d..de embarazo!-
Asustada, el chisme calló al suelo, dejando el resultado al descubierto.
Bueno, esto es todo por hoy, acordaros de seguirme en Twitter y mi Blog, para saber todas la novedades sobre mi novela.
¿Queréis saber que decidirá hacer Ana con respecto a su padre?
¿Queréis saber el resultado del test de embarazo?
¿Queréis leer el especial de San Valentín?
Pues ya sabéis, nuevo capitulo cada viernes. Dejarme vuestros comentarios.
Y que paséis un buen fin de semana. ¡Un saludo!
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