viernes, 7 de febrero de 2014

Capitulo 2

Capitulo 2

Otro día duro de instituto, estaba deseando acabar. Pregunte a mi compañera de al lado la hora. Faltaban dos horribles e interminables minutos para que acabara la última clase de otro aburrido viernes.
Sentía que mi cabeza se separaba de mi cuerpo, y se iba lentamente de forma inexorable al mundo de mis sueños. Mis párpados se caían, mi cabeza se tambaleaba y la profesora no interrumpía en ningún momento en la explicación.
Estaba frustrada, hacía un buen rato que dejé de escribir los apuntes de la teoría que la profesora recitaba como si de una canción se tratase.
Al fin, sonó el timbre de salida. Todos estábamos entusiasmados. Parecía como si se hubiese producido un milagro.
Me apresure lo más rápido que pude hacia el autobús que me llevaba de vuelta a mi casa.
La verdad, hoy estaba muy nerviosa el otro día decidí seguir a mi padre para averiguar que hacia durante tanto tiempo fuera de casa.
Lo primero que hice al llegar a casa fue saludar a Madeline, le di un beso y baje a mi cuarto.
Dejé la mochila y cogí el móvil, por si acaso lo necesitaba. Y corrí al despacho de mi padre aprovechando que solo estaba Madeline en casa.
Entré cuidadosamente, como sí alguien estuviera en el interior, pero era miedo a encontrarme algo de lo que no debería haberme enterado.
Tras entrar, cerré la puerta y de inmediato me puse a investigar.
Fui directamente a los cajones sin explicación alguna, fue en lo primero que pensé. Intenté abrir el primero pero tenía cerradura y estaba echada la llave.
¿Que tendría que ocultar mi padre que no pudiéramos saber, respecto a su trabajo?
Una sensación de vacío fría se propagó por mi cuerpo seguido de un escalofrío. Intente engañarme pensando que lo cerró para que Lucas no le hurgara a los papeles importantes o se los estropease.
Abrí el segundo y tercer cajón. En el segundo, no había nada, mi padre lo utilizaba de cenicero. Había como tres mil colilla de sus cigarros malolientes e irritantes. Al abrirlo, una ola de mal olor de estalló en la cara, impulsándome inconscientemente hacia atrás. No aguantaba más ese olor, por tanto cerré rápidamente el cajón.
Abrí el tercer cajón, en el había unos sobres abiertos, las cartas no estaban.
Probablemente las echó a la trituradora de papel.
Me levante a ver el contenido en la basura, pero nada. Solo había miles te tiras blancas, con letras sin sentido, imposibles de unir; así que revisé los sobre de nuevo. Me fijé en el remitente, era una mujer, y no solo una simple mujer, era Carla Dawnton.
Carla Dawnton, era la secretaria de la clínica de mi padre. Era rubia alta y de unos ojos anaranjados. Siempre era muy callada, por eso se me hacía raro que hubiese tantas cartas.
Lo ignoré, seguramente sería del trabajo.
Decidí mirar más documentos, pero no había nada que me llamara la atención excepto ese cajón cerrado con llave. Necesitaba saber lo que había dentro.
Todos mis pensamientos se vieron interrumpidos por la llamada de Madeline.
-¡Ana, a comer!- grito desmesuradamente.
Se notaba que Madeline había tenido un mal día. Pero yo no era la indicada para hablar del tema con ella, porque como hay personas que saben decir lo necesario en cada momento, yo era todo lo contrario. Siempre lo jodía todo.

Tras terminar de comer, bajé a mi cuarto y cerré el pestillo. Siempre me gustaba encerrarme en mi cuarto, era mi pequeño espacio, mi propiedad, mi baúl de sueños, mi pequeña isla. Me sentía lejos y alejada del mundo y mis problemas.
Ojeé el móvil y tenía mensajes de Olivia y María que me proponían quedar por la tarde.
La verdad, la pereza me vencía y no tenía ninguna gana de salir a la calle.
Pero finalmente, cedí.
Me preparé tranquila y perezosamente. Y pasada una hora, me llamaron.
Fuimos a dar una vuelta, y preferí continuar caminando que sentarme y volver a empezar a comerme la cabeza.
Olivia me agarró la mano, estaba fría y algo sudorosa, como si tuviese una gran preocupación.
-¿Qué tal va todo?- dijo delicadamente, como con miedo a que sus palabras me dañaran.
-Bien, supongo- dije intentando dejar atrás el tema.
-¿Vas a hacerlo?- preguntó María refiriéndose a la escapada que pensaba hacer para seguir a mi padre.
-Claro, es la única manera de averiguar que oculta. Necesito averiguarlo-
-Pero, que ganas demostrando tus averiguaciones. Tu madre te ignora y creo que a parte de a nosotras y Madeline, nadie más le interesará tus averiguaciones- dijo Olivia con un tono incrédulo.
-Me vale con averiguar lo que mi cabeza me pide. Total, no tengo nada más que perder-
Pasamos la tarde hablando de amistades, novios y gente. Los temas más típicos.
Me despedí de Maria y Olivia y decidí volver a casa, me sentía rendida.
Me dejé caer a cámara lenta en mi cama, en la reboté dos veces más.
Observé que en el móvil había más mensajes de Joder, mi ex.
Estaba cansada.
Los ignoré totalmente.
Sin darme cuenta, empecé a caer, arrastrada por mis pensamientos. Cuando me quise dar cuenta, estaba dormida, sobre la cama.

Sonó un ruido, y me levante tras un espasmo de susto. Miré la hora y marcaban las doce de la noche. Era demasiado tarde para que mi hermano estuviese fuera de su cuarto, o que mi madre no estuviese dormida gracias a sus pastillas somníferas para camellos.
Deslicé despacio el pestillo de mi cuarto y abrí la puerta, que crujía como si quisiera delatarme. Subí descalza con las zapatillas en las manos para no hacer ruido. Las escaleras de mármol estaban frías y deslizantes. Todo estaba oscuro.
Solo se veía la luz tenue de las farolas de la calle.
Me asomé cuidadosamente, en la esquina del pasillo y había la suficientemente luz, para observar que era mi padre. Estaba cogiendo las llaves y parecía dispuesto a irse.
Me apresuré a coger mi abrigo y mi móvil.
Estaba muy nerviosa, no tenía pensado seguirle tan pronto, pero la oportunidad se me adelanto.
Le seguí despacio hasta la puerta del jardín. Sacó el coche del garaje. Y se dispuso a arrancarlo.
Mire a varios lados, buscando la manera de seguirle y a esas horas, la única posible parecía la de ir con la bici.
Me parecía una locura y una absurdez. Pero no había más remedio.
Me resultaba un buen esfuerzo seguir el coche de mi padre, sin perderle de vista.
Me puse la capucha de la cazadora, para que no me reconociera, pero también por el frío de la noche tan helada.
Al fin mi padre paró, desconocía a la persona que podría vivir en esa calle.
No había ningún conocido, que me sonara.
Los nervios empezaron a traicionarme y comencé a temblar.
Estaba asomada por detrás de una columna. Visualizando cada movimiento de mi padre.
De repente, se detuvo frente a un portal y llamo al timbre. Se encendieron las luces. Alguien bajaba. En ese momento se me pasaron miles de situaciones que se podría producir en ese instante.
Una mujer salió eufórica, y de inmediato se lanzó a los brazos de mi padre. Me quede extrañada. No reconocía a la mujer.
Y en ese momento, como si fuera el final de una película romántica, la mujer se lanzo a los labios de mi padre.
Estuvieron un largo rato besándose, daba la impresión que en cualquier momento se quedarían sin oxígeno.
No me lo podía creer.
Mi padre era infiel. Era de esperar, pero no es lo primero que te imaginas.
Estuve varios minutos pausada, perpleja.
Decidí volver a casa, no quería saber más.
Mi cerebro lo rechazaba.
No podía.
Me superaba.

Me desperté por la mañana, estaba agotada y todavía algo inquieta por la escena de anoche. Me sentía incapaz de hablar.
Me acerqué a la habitación de mi madre. Pero no estaba.
Como curiosidad, mi madre llevaba una semana algo inquieta, y rara.
¿Quizás había averiguado algo de mi padre?
Estaba indecisa.
Olivia me llamo. Me preguntó cual era la cosa tan importante que debía contarle. Por la cual se enteró por el mensaje que le deje ayer al llegar a casa.
Decidí quedar con ella en la cafetería del centro junto a la academia.
Me fui a preparar. Al terminar, me acerqué al baño de mi madre para cogerle la sombra de ojos marrón que tanto me gusta.
Descuidadamente, la sombra calló de mis manos, precipitándose al suelo con tanta velocidad, que se acabó por romperse en mil pedazos.
Rápidamente me puse a recogerlo. Agarré la basura que tenía al lado y con ayuda de papel higiénico, lo dejé todo limpio y recogido. Me levante.
Pero algo me provocó un frenazo. Algo me llamó la atención en la basura. Era un plástico blanco.
Me agaché extrañada y me acerqué.
Era un palo alargado, blanco y duro, de plástico. Me extraño mucho y mirando a todos lados, lo cogí.
Me quedé perpleja, blanca, como si hubiese visto a un mismísimo fantasma.
La mano en la que sostenía el palo de plástico me temblaba. Me vinieron nauseas y mareos constantes.
Y aturdida, mencione en voz muy baja, con la intención de hacerme reaccionar:
-¡E..e..es un t..test d..de embarazo!-
Asustada, el chisme calló al suelo, dejando el resultado al descubierto.

Bueno, esto es todo por hoy, acordaros de seguirme en Twitter y mi Blog, para saber todas la novedades sobre mi novela. 
¿Queréis saber que decidirá hacer Ana con respecto a su padre?
¿Queréis saber el resultado del test de embarazo?
¿Queréis leer el especial de San Valentín?
Pues ya sabéis, nuevo capitulo cada viernes. Dejarme vuestros comentarios.
Y que paséis un buen fin de semana. ¡Un saludo!

No hay comentarios:

Publicar un comentario